¿Tendrías sexo conmigo?

¿Tendrías sexo conmigo?

Relato por: XYFiles
Categoría: Gay-Primera vez
Fecha: 03/12/15

Un jueves cualquiera, me llega un Whatsapp de mi mejor amigo Carlos, uno de los pocos conocedores de mi HorrorWhatsappverdadera orientación sexual:

-C: Hola Marcos, ¿qué haces?

-Yo: Pues nada, estudiar lengua, mañana tengo examen.

-C: Hablando de lengua, ¿te puedo preguntar una cosa?

-Yo: Claro XD.- Yo creía que me iba a preguntar algo sobre la asignatura, pero me equivocaba.

-C: ¿Tendrías sexo conmigo?

-Yo: Emmm, ¿a qué viene esa pregunta?¿Es un ofrecimiento?- Me quedé con los ojos como platos ante esa pregunta tan directa.

-C: No, solo es curiosidad.

-Yo: Vale. Pues sí, eres un tío atractivo XD.- Contesté con total confianza, pero no me esperaba lo que vendría a continuación.

-C: Va, pues mañana despúes de cenar vente a mi casa, que estoy solo.

-Yo: ¿Pero qué me estás contando?

-C: Que sí, que sí, que te vengas, que quiero probar.

-Yo: Esto es una broma, no me lo creo.- Contesté incrédulo, pero por otro lado estaba nervioso, pues sí que quería que fuera verdad.

-C: No es broma, va en serio, quiero que follemos.

-Yo: Mañana hablamos del tema en persona.- Dije, tratando de hacer que se lo replantease.

-C: Vale, vente a eso de las 22:30.

-Yo: Ok.

1Ahí terminó la conversación y, como era tarde, recogí los apuntes de lengua y me fui a dormir, estaba más nervioso que de costumbre, así que me costó dormir.

El día siguiente, viernes, pasó rápido, entre el examen y las demás clases no tuve mucho tiempo para pensar; por la tarde fue distinto, no pude concentrarme en el estudio, no paraba de pensar en mi cita de por la noche, por suerte, al ser viernes, no tenía que dar muchas explicaciones a mi madre sobre salir.

Por fin llegó el momento, salí de mi casa y fui a paso rápido a casa de Carlos. Llegué en cinco minutos y toqué el timbre, llegaba pronto, pero a él no le sorprendió, pues sabía que me gusta llegar siempre pronto a mis citas. Me invitó a pasar y me dirigió al salón, nos sentamos en el sofá y comenzamos a hablar. Pronto surgió el tema:

-Explícame eso de que quieres probar.- Dije, aprovechando un silencio en la conversación.

-Bueno, pues eso, que lo he estado pensando… y quiero probar lo que me ofreces.- Dijo, un poco pudoroso.

-Conste que yo no te he ofrecido nada, ja,ja,ja.- Dije, algo nervioso. -Pero…¿Cómo afectará a nuestra relación de amistad si lo hacemos?

-Es solo sexo, no tiene por qué afectar a nuestra amistad.- Contestó. A mi me costó creerle, pero asentí.2

Me dijo que no sabía como empezar, así que tomé yo la iniciativa. Le pedí que fuésemos a su habitación, una vez allí, le pedí que se quitase la ropa y se tumbase boca abajo en su cama, él sintió pudor y se asustó al oír lo de boca abajo, así que me desnudé con él y le dije que no haríamos nada que no quisiera hacer. Una vez preparados, me senté a horcajadas sobre sus muslos y comencé a darle un masaje en la espalda; mi pene, ya erecto, rozaba sus suaves muslos a cada movimiento, lo cual aumentaba mi excitación, pero él permanecía tranquilo, disfrutando del masaje. Al rato, le pregunté si tenía algún aceite corporal que pudiera usar en el masaje, me indicó el lugar donde encontrar una botella de una conocida marca, volví con ella, me coloqué de nuevo en posición y reanudé mi masaje, ahora con lubricación.

-¿Te gusta?- Le pregunté con voz sensual.

-Hummm.- Fue todo lo que pudo responder.

-Sí, le está gustando.- Deduje mentalmente, y sonreí.

3Unos minutos más tarde, cuando consideré que el contacto físico había hecho que perdiera la vergüenza y cogiera confianza, me bajé de la cama y le pedí que se diera la vuelta; él se volvió y, para mí sorpresa, algo que no era un dedo estaba señalando al cielo. Como no quería ir muy rápido para no acobardarle, decidí empezar masajeando su torso y poco a poco ir bajando. Un minuto después comencé a masturbarlo, usé el aceite corporal para aumentar la estimulación, él lo recibió con gusto. Estuve unos minutos meneándosela mientras acariciaba con la otra mano sus pectorales y su tripa, que empezaba a dar muestras de los abdominales que mi amigo hacía cada día; mientras tanto, él perdío la vergüenza y me agarró el culo, su contacto me excitó más.

Ya que su pene estaba embadurnado de aceite no podía chuparlo (ya que el lubricante que estaba usando no era comestible), así que me senté a horcajadas sobre él de nuevo y empecé a introducirme su aceitoso pene, no requirió ningún esfuerzo gracias a la lubricación, fue todo placer. Una vez tuve todo su grueso pene dentro de mí, me incliné hacia delante, apoyando mis manos sobre su pecho, con su oreja derecha al alcance de mi boca.

-Tu polla…es muy gruesa…me da mucho gusto.- Susurré.

-Tu culo…es…tan apretado.- Dijo, susurrando, en mi oreja, con la respiración acelerada.

Comencé con un movimiento lento, él me acariciaba la espalda al ritmo de la penetración, eso me encantó, así que se 5me escapó un leve gemido. A él pareció gustarle la postura, pues cuando yo descendía, él levantaba la cadera, y cuando yo subía, él la bajaba, estábamos acompasados. Poco a poco fuimos aumentando el ritmo, sentíamos la respiración del otro en el cuello, esa era una posición muy excitante, él cambió sus caricias por un agarre robusto a mi cintura; unos minutos más tarde, dejé de moverme, permitiéndole a él llevar el ritmo un rato, mientras tanto, me dediqué a acariciar sus pezones alternativamente y a morder dulcemente el lóbulo de su oreja. Él se puso a cien, pues me empalaba cada vez con más ímpetu.

-Espera, no acabes aún.- Susurré en su oreja, parando mis caricias y mordisquitos.

6Paró sus movimientos, y permanecimos unos segundos quietos, su pene seguía ensartado en mi culo. En seguida, me incorporé un poco, de forma que seguía apoyado en su pecho pero con los brazos estirados, lejos del alcance de su oreja. Tomé bastante lubricante y empecé a masturbarme con mi mano izquierda, cuando cogí el ritmo, empecé a moverme ensartándome su pene, a la vez, estimulaba su pezón izquierdo con mi mano derecha (cuantas cosas se pueden hacer a la vez cuando se está disfrutando…). No tardé mucho tiempo en llegar a un orgasmo increíble, las contracciones de mi esfínter sobre su pene me hacían ver las estrellas (de placer) y mi semen salpicó por todas partes. Carlos se empezó a correr dentro de mí, notaba cada chorro de su caliente semen en mi culo, los dos gemimos como locos durante esos mágicos segundos.

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Cuando pasó, nos quedamos quietos, yo me recosté sobre su pecho, exhausto, él, sorprendentemente, me abrazó. Por otro lado, de mi culo comenzó a escurrir el semen de mi amigo, me resultó una sensación extraña, pero placentera, así que me quedé un rato disfrutando de las sensaciones. Finalmente, me levanté, me vestí y me despedí de mi amigo, lo único que fue capaz de decirme fue «Gracias».

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Nacho

Administrador, Editor, y el loco inventor de todo esto, apasionado del sexo en todas sus versiones con una mente abierta, creativa y e innovadora. Pajillero innato, amante de las pajas entre colegas. Vive en Madrid, España, A sus 36 años, casado y con dos churrubeles, siempre que puede esta dispuesto para una reunión de pajas y de organizarlas, es el responsable de organizar el club de pajas de Madrid. Informático de profesión, amigo de sus amigos, siempre dispuesto a ayudar.

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