Fantasías sexuales con personas del mismo sexo… ¿indica homosexualidad?
Nadie puede dudar de su orientación sexual a partir de tener fantasías o sueños eróticos. Mucho menos cuando estamos hablando de algo tan involuntario como es la intimidad y la fantasía sexual.
En nuestra cultura, las fantasías sexuales cuentan con mayor aprobación entre los hombres que entre las mujeres. Pero, resulta que cuando los varones tienen fantasías con otros varones (homoeróticas) las reprimen, les temen, porque entienden que atentan contra su hombría y masculinidad y les recuerda el fantasma de la homosexualidad. Sin embargo, las mujeres procesan mejor y toleran más tener fantasías con otras mujeres. Todo producto de la educación patriarcal y machista que hemos recibido, así como de la propia cultura heterosexista en la que vivimos.
Tenemos que tener muy claro que las fantasías son totalmente libres, que podemos imaginar lo que queramos sin sentirnos culpables, y mucho menos que estamos haciendo algo malo.
Así como podemos extasiarnos ideando ser alguien que NO somos, sin que esto signifique un desequilibrio mental, las fantasías sexuales NO determinan ninguna característica real que nos defina como la homosexualidad, la heterosexualidad o la bisexualidad, incluso aunque nos produzcan excitación.
Aquello que nos excita en nuestra intimidad y en nuestra imaginación NO tiene porqué corresponder con lo que nos excita en la vida real. Es importante aclarar que las fantasías sexuales NO están ligadas a nuestros deseos, y tampoco son una representación de nuestros deseos insatisfechos o no realizados. NO es cierto que tenemos fantasías porque no nos animamos a realizarlas o porque nos autocensuramos, todo esto el falso.
Además, todo esto está influenciado por los miedos y culpas que tenemos sobre nuestra sexualidad, producto de la educación que tuvimos y de la sociedad en la que vivimos.
Todas estas creencias son las que nos llevan a pensar que las fantasías sexuales pueden ser peligrosas, que tenerlas puede ser aberrante ya que se podría alimentar el deseo de hacerlas realidad.
Las fantasías sexuales y todas las fantasías son tan verdaderas como las escenas que vivimos en la vida real. Lo diferente es que estas fantasías se viven en el plano de la imaginación, que es es el lenguaje del erotismo, y que este lenguaje es el que nos conecta con los sentidos, y éstos a su vez con las sensaciones y con las emociones. Por esta razón las fantasías nos estimulan, enriquecen nuestra creatividad, son liberadoras, ayudan a disminuir las tensiones, y sin lugar a dudas son el antídoto perfecto para el veneno que significa caer en una rutina sexual. Porque cuando castramos nuestros mecanismos de imaginar, empobrecemos nuestra sexualidad.
Esto es tan así, que los terapeutas sexuales y de pareja, las utilizan terapéuticamente: Proponen juegos de roles, recomiendan auxiliarse de cosas que eroticen, máscaras, vestuarios, objetos, buscando siempre ampliar los permisos psicológicos para el despliegue de los deseos y la expansión de erotismo a zonas culturalmente prohibidas.
Lo mejor que podemos hacer es tratar de disfrutar de nuestras fantasías sexuales y fomentarlas sin culpabilidad, ya que son privadas y podemos utilizarlas en beneficio del disfrute de nuestra sexualidad de forma plena.