La masturbación

La masturbación, tanto femenina como masculina, es la estimulación de los órganos genitales con el objeto de obtener placer sexual, pudiendo llegar o no al orgasmo. El verbo «masturbar» hace referencia a la práctica de la masturbación. La masturbación puede realizarse por uno mismo en solitario o como estimulación realizada sobre los genitales de otra persona con los mismos fines placenteros, como ocurre en la masturbación mutua.
La masturbación suele efectuarse con las manos o mediante el frotamiento de los genitales contra algún objeto adecuado, como los llamados «juguetes sexuales», para obtener este tipo de excitación.
Masturbación masculina por Édouard-Henri Avril (1843).
Se atribuye a Sigmund Freud el descubrimiento de que la masturbación es algo común en la infancia. Curiosamente, el padre del psicoanálisis sostuvo hasta una edad avanzada que la masturbación adulta era la causa de una de las formas de neurosis conocidas por aquel entonces bajo el nombre deneurastenia, equivalente en la actualidad a la llamada fibromialgia o fatiga crónica.
Sin embargo, debemos más el conocimiento de la sexualidad humana en la actualidad a un coetáneo suyo: Havelock Ellis. Este autor no sólo señaló que la masturbación era común en los hombres, sino que también se trataba de una práctica habitual en las mujeres de todas las edades.

Origen del término

Se han empleado diferentes términos a la hora de denominar a esta actividad sexual: autoerotismo, ipsación, masturbación, onanismo, entre otros. En todo caso, el origen del vocablo masturbación es incierto. La primera referencia conocida viene de Marcial, un poeta satírico hispanorromano del siglo Ide la era cristiana. La voz podría derivar de una palabra compuesta por raíces latinas: manus, «mano» y turba, «alteración», «perturbación», «excitación». Con lo que masturbación significaría «excitar el pene». También podría proceder exclusivamente del latín: manus stuprare, «violar con la mano», omanus turbare, «excitar con la mano».
En todo caso, suele preferirse manus stuprare, porque históricamente se ha considerado «sucio» masturbarse. Aunque manus turbare resulta más ecléctico e indica en qué consiste el acto y no prejuzga ni el sexo de quien lo practica, ni si la actividad a la que se refiere es buena o mala.

 

Onanismo

A pesar de utilizarse como sinónimos, el término «onanismo» no significaba en su origen lo mismo que masturbación. La palabra hacía alusión al coito interrumpido, actividad sexual que habría practicado el personaje bíblico Onán con la viuda de su hermano.
El patriarca Judá tuvo tres hijos: Er, Onán y Selá. A su debido tiempo, casó al malvado Er con una cananea llamada Tamar, pero el Dios Yahveh, avisado de la maldad de Er, lo hizo morir. Entonces Judá le pidió a Onán que se casara con su cuñada y procurara descendencia a su hermano muerto —un favor que después Moisés haría obligatorio con la Ley del levirato—. No obstante, Onán sabía que aquella descendencia nunca sería suya y por ello «trillaba dentro pero sembraba fuera»; es decir, aunque tenía relaciones sexuales con Tamar a menudo, practicaba el coitus interruptus, literalmente ‘coito interrumpido’, eyaculando fuera de la vagina de su cuñada. De esta manera, evitaba tener que mantener hijos que no llevarían su propio apellido e impedía que la herencia de su padre se repartiera. Por este pecado Dios hizo que la Tierra se lo tragara.
Para lograr una descendencia propia, Tamar hizo que el patriarca Judá tuviera relaciones sexuales con ella disfrazándose de prostituta sagrada, llamadas q’desháh en contraposición a las prostitutas laicas.
Con el paso de los años, el significado ha ido variando y hoy en día es sinónimo de masturbación. Otro frecuente eufemismo generado por esta historia es «mal de Onán».
Masturbación mutua en una ilustración de Martin van Maële en La Grande Danse macabre des vifs (1905).
 

 

Técnicas

Hombres

Existen variantes en la masturbación. La mayoría de los hombres se masturban agarrando el pene con la mano, moviéndola de arriba hacia abajo o de atrás hacia adelante, según la postura del individuo. Otros no utilizan toda la mano sino que agarran la zona del frenillo entre los dedos índice y medio, y el pulgar por el otro lado. Otra técnica es emplear las dos manos en el pene. Otros sólo frotan su pene con una mano y con la otra se estimulan los testículos o pezones, entre otras partes del cuerpo.
Los hombres no circuncidados, no suelen necesitar el uso de lubricantes, porque el prepucio ya mitiga los efectos del roce directo por sí solo, aunque los hay que los emplean para añadir sensaciones a su actividad. El uso de lubricantes es más frecuente entre los hombres que tienen su pene circuncidado, con el fin de facilitar el deslizamiento de la mano sobre el glande.
Existen artilugios eléctricos y mecánicos para que los hombres se masturben: muñecas inflables, vaginas artificiales, bombas de vacío, etc. También pueden utilizar vibradores, concentrando su actividad sobre el frenillo.

 

Mujeres

La mayoría de las mujeres se masturba estimulando la zona del clítoris. Una cuarta parte de ellas suelen añadir también el estímulo vaginal introduciéndose sus dedos para incrementar la sensación placentera. Pero el estímulo exclusivo de la vagina para masturbarse es un procedimiento minoritario, a pesar de lo que muestran las películas pornográficas.
Las mujeres suelen utilizar los dedos para masturbarse. Estimulando el clítoris indirectamente al frotarlo a través del prepucio del clítoris o, menos frecuentemente, estimulando directamente el glande del clítoris. Suelen lubricarse los dedos, sobre todo si estimulan directamente el glande del clítoris, bien introduciéndolos de vez en cuando en la vagina para extender su humedad al clítoris o, bien, mojándolos con su propia saliva.
La gran mayoría de las mujeres se masturban acostadas, o en el baño, y con las piernas abiertas, un 10% lo hace boca abajo y las piernas más juntas o muy juntas. La mitad de estas últimas no emplean los dedos para masturbarse, sino que se frotan contra una almohada, el rebujo de las sábanas o montando algún peluche. El 3% de las mujeres se masturba en cualquier postura simplemente contrayendo los muslos. Otro 2% lo hace empleando el chorro de agua de la ducha o la bañera. Y existe un 2% más que lo hace sin manos, estimulándose sólo con fantasías. A pesar de las numerosas técnicas existentes para masturbarse, la mayoría de las mujeres (71%) suelen serle fiel a una de ellas durante toda su vida.
El uso de dildos, vibradores y otros juguetes eróticos parece estar extendiéndose entre la población femenina. No resulta fácil saber cuántas los emplean. Pero las diferentes encuestas demuestran que entre una de cada cuatro y dos de cada tres mujeres, según los países, utilizan estos artilugios.

Extensión de la masturbación

Prácticamente toda la población sana se masturba desde edades tempranas hasta el final de su vida, si su salud se lo permite. Se han visto con ecografías a fetos de ambos sexos masturbándose en el seno materno.

 

El análisis de las estadísticas arrojan como cifra probable de hombres que se masturban la del 92% o 94%. Para las mujeres, los datos son más inseguros por la conocida inhibición femenina a la hora de reconocer esta práctica. Pero del estudio de las diferentes cifras manejadas por los investigadores, se sabe que se masturban entre el 85% y el 93% de las mujeres, en conjunto. Si el análisis se centra sólo en las mujeres orgásmicas, y lo es el 90% de la población femenina, se encuentra que se masturban entre el 91% y el 99% de ellas, prácticamente todas.1 Sin embargo, otras fuentes indican que el número de mujeres orgásmicas podría ser mucho menor. Según el Journal of the American Medical Association, un 43% de las mujeres americanas siguen padeciendo disfunciones que les impiden alcanzar el orgasmo.

La masturbación a lo largo de la historia

La medicina moderna reconoce que la masturbación no produce daños significativos a corto o largo plazo, y la considera una práctica normal, incluso antiestresante.
A lo largo de la historia, sin embargo, siempre hubo voces que afirmaron que la masturbación era un acto inmoral. La base de tal criterio residiría, según esas voces, en que la masturbación impediría que la especie humana se mantuviera viva sobre el planeta por la emisión improductiva de semen en el caso de la masculina. Y en el caso de la masturbación femenina se afirmaba que si las mujeres se masturbaban podrían alejarse de los hombres por preferir autocomplacerse.
 
Johann Nepomuk Geigertémpera(1840).
 
No fue hasta el siglo XVIII que al supuesto «daño moral» que ocasionaría la masturbación se añadió el «daño físico»: comenzó a decirse que la masturbación, además de condenar las almas, ocasionaba un sinnúmero de enfermedades. Se idearon muchos métodos para descubrir a los niños y niñas masturbadores y se crearon numerosos remedios contra la masturbación. Algunos de ellos incluían: circuncisión sin anestesia, guantes ásperos, aparatos especiales que impedían acceder a los genitales, descargas eléctricas, tratar los genitales con ortigas, o extirparlos quirúrgicamente.
En décadas posteriores, el terrorismo psicológico reemplazó a las otras medidas. Por ejemplo, se decía a los niños que si se masturbaban les crecerían pelos en las manos, la cara se les volvería verde, se les secaría el pene o elclítoris, se volverían locos, les saldrían granos en la cara… En los EE. UU. y otros países angloparlantes, se comenzó a practicar de forma rutinaria la circuncisión neonatal debido a un supuesto efecto preventivo contra la masturbación y la clitoridectomía a las chicas que eran descubiertas haciéndolo. Esta última se abandonó bien entrados los años treinta, pero la circuncisión neonatal de los varones se sigue practicando.
 
Sátiro masturbándose.Crátera griega del siglo VI a. C..
 

Afirmaciones populares acerca de la masturbación

Según explica el psiquiatra español Jesús Ramos Brieva, existen diversos prejuicios en la cultura popular en relación con la masturbación:
Los hombres se masturban más

 

 

Suele afirmarse que los hombres se masturban con una frecuencia semanal, que es el doble de veces la de las mujeres. Pero existen investigaciones que demuestran que los hombres mienten sistemáticamente en las encuestas sexuales exagerando la frecuencia con la que acuden al autoerotismo, mientras que las mujeres mienten en sentido contrario, minimizando la frecuencia (es típica la respuesta femenina de hacerlo una vez al mes). Si corregimos las afirmaciones de unos y otros, como han realizado algunas investigaciones serias, los datos tienden a converger: así, hombres y mujeres se masturban con una frecuencia similar.
Los hombres comienzan a masturbarse antes que las mujeres

 

Según los estudios recopilados por Ramos Brieva, tampoco es cierto que los hombres se inicien en la masturbación antes que las mujeres por tener un órgano sexual tan «evidente» y que tienen que tocarse a diario por razones fisiológicas e higiénicas.
Está demostrado que hay más mujeres que hombres que se inician en la masturbación antes de los 10 años de edad. Lo hacen así entre el 20% y el 42% de las mujeres, al menos, y entre el 3% y el 13% de los hombres. También hay un 42% a 52% de mujeres que comienzan a hacerlo, como los hombres, durante la adolescencia. Por eso, las mujeres aprenden a masturbarse espontáneamente con mayor frecuencia que los hombres (lo hacen siendo más niñas y sin haber hablado con nadie del tema), quienes suelen iniciarse más tarde, tras hablar con sus compañeros o leer sobre el tema (mujeres: entre el 57% y el 62%; hombres: 28%)
Las personas dejan de masturbarse cuando inician relaciones sexuales

 

Según los estudios citados en la obra, los hombres y las mujeres continúan masturbándose después de establecer relaciones de pareja. Incluso aunque tales relaciones sean satisfactorias, el 75% de los varones y el 75% al 91% de las señoras emparejados continúan haciéndolo.
Se ha observado que mientras la frecuencia con la que los hombres emparejados acuden a la masturbación disminuye desde el momento que comienzan a tener relaciones sexuales y sigue descendiendo con el paso del tiempo, en las mujeres la frecuencia se mantiene igual o aumenta en la mayoría de los casos, sobre todo entre las que son más jóvenes. Esta idea contradice, igualmente, la afirmación popular.
Quienes se masturban se aíslan socialmente

 

El psiquiatra Jesús Ramos niega este supuesto, concluyendo que la masturbación no produce aislamiento, habiéndose comprobado que la mayoría de los seres humanos se masturban y tienen relaciones sexuales con normalidad.
Otras fuentes explican que en las personas aisladas que no saben relacionarse con los demás se desarrolla la masturbación como forma de satisfacción sexual al no tener la oportunidad de desarrollar la actividad sexual que apetece compartir con otras personas, al no ser capaces de relacionarse con esas personas.

Cinco inesperados beneficios para la salud de la masturbación

El 94% de los hombres y el 85% de las mujeres reconoce que se masturba habitualmente. Entre ellos, casi la mitad admite hacerlo a diario. Superados viejos mitos que convirtieron una práctica natural en algo pecaminoso, la medicina sostiene que la práctica del onanismo brinda grandes beneficios para la salud. Y si es una al día, como la Micebrina, mejor que mejor.
 “la masturbación es una práctica que ayuda mucho porque se aprende a conocer el propio cuerpo y las cosas que más gustan, también sirve para mantener el sistema en marcha. Se eyacula antes porque no hay ningún pensamiento negativo que interfiera en el viaje de las sensaciones hacia la médula espinal, todo fluye como tiene que ser. El abandono es perfecto y masturbarse una vez al día es lo menos que puede hacerse. Y tampoco es verdad que si te masturbas pierdes las ganas, es al contrario, te dan más. Se pierden las ganas cuando no se hace nada”
 
1. Previene el cáncer
Un estudio australiano de 2012 concluyó que los hombres que eyaculan más de cinco veces por semana tienen un tercio menos de probabilidad de desarrollar cáncer de próstata. Las toxinas que causan la enfermedad se acumulan en tu tracto urogenital y cuando eyaculas, expulsas los invasores fuera de tu cuerpo.
2. Incrementa la potencia sexual
A medida que envejeces vas perdiendo tono muscular… también ahí abajo. La práctica regular del sexo o de la masturbación potencia los músculos de tu suelo pélvico para prevenir la disfunción eréctil y la incontinencia. Según la sexóloga clínica Gloria Brame, citada en Men’s Health, la masturbación “mantiene el ángulo de erección”, y debe practicarse de 3 a 5 veces por semana para conseguir un resultado sólido como una roca.
3. Te ayuda a durar más
Al contrario de lo que afirma la sabiduría popular, la masturbación es un buen entrenamiento para el sexo en compañía. Ava Cadell, fundadora de loveologyuniversity.com, recomienda prolongar poco a poco la paja para mitigar la eyaculación precoz: “Si sólo duras dos minutos, intenta que sean tres la próxima vez. Cuenta cuántas sacudidas necesitas para eyacular: si alcanzas  50, intenta llegar a 60”. La mayoría de los hombres, concluye Cadell, son capaces de duplicar las sacudidas en sólo un mes.
4. Potencia tu inmunidad
La eyaculación aumenta los niveles de la hormona cortisol, según explica en MensHealth Jennifer Landa, especialista en terapias hormonales. El cortisol, a pesar de su mala fama como hormona vinculada al estrés, también ayuda en pequeñas dosis a regular y mantener tu inmunidad. “La masturbación puede puede producir el entorno adecuado para fortalecer el sistema inmune”, asegura Landa.
5. Mejora tu estado de ánimo
Masturbarte libera un río de neuroquímicos que producen bienestar, como la dopamina y la oxitocina, que elevan tu espíritu, potencia tu satisfacción y activa los circuitos de recompensa de tu cerebro. “Un orgasmo es el subidón de dopamina más potente que conocido, al margen de las drogas. Un escáner cerebral de alguien durante el orgasmo recuerda al de un adicto a la heroína”, afirma Brame.
Además de las cinco señaladas por la publicación masculina, hay una sexta razón de peso nada desdeñable: si te masturbas y te abstienes de practicar la caídita de Roma esquivas una infinidad de enfermedades de transmisión sexual… incluyendo el embarazo.
Artículo original en Men’s Health.


 

Nacho

Administrador, Editor, y el loco inventor de todo esto, apasionado del sexo en todas sus versiones con una mente abierta, creativa y e innovadora. Pajillero innato, amante de las pajas entre colegas. Vive en Madrid, España, A sus 36 años, casado y con dos churrubeles, siempre que puede esta dispuesto para una reunión de pajas y de organizarlas, es el responsable de organizar el club de pajas de Madrid. Informático de profesión, amigo de sus amigos, siempre dispuesto a ayudar.

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