La primera visita a la sauna

La primera visita a la sauna

Relato por: UretraGay
Categoría: Gay-Tríos
Fecha: 17/01/16

1a1Adrián iba de camino. Esa misma tarde lo había decidido. A la noche iría a la sauna. Era sábado, no había quedado para salir y sabía que el establecimiento no cerraría a medianoche, como el resto de los días, sino que en fin de semana el horario era ininterrumpido y la sauna estaría abierta desde que abriera el sábado por la mañana, hasta última hora del domingo.

Ya se lo había dicho su compañero y colega Gonzalo: “tú lo que tienes que hacer es ir a la sauna”. Con Gonzalo además de compartir piso desde que llegase de su pueblo a estudiar a la capital estatal, compartía también orientación sexual y, con el trato y las confidencias, toda una grata amistad. Gonzalo sabía de las dificultades de Adrián para irse a la cama de alguien, o conseguir que alguien accediera a meterse en su lecho. Adrián mostraba seriedad de primeras, y eso, a la hora de ligar, era casi imperdonable. Sin embargo, una vez abierto, no sólo era agradable y simpático, sino más morboso de lo que podía pensarse. Gonzalo lo sabía y, con socarronería muchas veces se lo decía: “Anda que, pareces tímido, pero a veces me has despertado con el jaleo que metes en la cama. Menudos polvazos que les echas a los que caen en tus redes, ¡jeje!”. Adrián se ruborizaba, pero sabía que era verdad. Le encantaba el sexo. Si alguien accedía a ir a la cama con él, haría todo lo posible para que esa persona se fuera más que contento. Ya se lo habían dicho en más de una ocasión: “¡Joder!, me has dejado el culo hiperestimulado”. A Adrián le gustaba bombear, meterla sin parar en la boca del compañero y en el culo del mismo después. Siempre preguntaba primero al congénero cómo quería que le follase. Jamás querría hacerle daño a la otra persona. Por el contrario, lo que más deseaba era darle todo el placer que estuviera en su mano, o en su polla…

Gonzalo insistía. Ya que le costaba ligar, ya que no tenía éxito por las aplicaciones, no debía pensárselo más y, ya quesauna_showers1 estaban en la gran ciudad, ir a la sauna. Allí todo era distinto. La gente no enreda tanto, el producto es el que ves, sin sorpresas, y no hay que realizar ninguna especie de cortejo para ligar. El ligue es más directo, con una mirada bastaba, y Gonzalo sabía que Adrián, con lo morboso que era, en aquella situación sabría hacerlo, y sabría llevarse a quien quisiera a sus brazos, o mejor dicho, ante su entrepierna. Poco a poco se espabilaría y seguro que después, convencido de su éxito, el ligue fuera de la sauna no se haría esperar.

Adrián llegó a la sauna que Gonzalo le había recomendado. Al parecer era a la que más gente joven, como él, acudía de la ciudad, más aún en sábado por la noche cuando muchos aprovechaban, antes de irse para casa, para darse una vuelta o triunfar, si es que no lo habían hecho en el bar o en la disco, o inclusive para poder perderse entre hombres tras haber tenido que aguantar a los amigos de la pandilla y sus ligues heteros. Tras llamar al timbre, escuchó cómo presionaban desde el interior para que pudiera abrir la puerta. Toalla y chanclas, junto con el ticket tras pagar en la ventanilla, y pasaría a los vestuarios.

maxresdefault“El 20”, se dijo a sí mismo Adrián. Ése era el número que le había sido asignado. Abrió y comenzó a desnudarse. Cerca de él, un fibrado enredaba con el móvil, vestido sólo con la toalla. A Adrián ni le había mirado. No era una sorpresa para él. Adrián medía 1,75, pesaba 65 kilos y, aunque delgado y algo definido desde que se apuntara al gym, no podía ni por ensoñación igualarse, ni tan siquiera compararse con el musculado que tenía cerca. Pero siguió el consejo de Gonzalo, que tenía más que experiencia en el tema: “de los de gym pasa, que son unos creídos y luego, en la cama, no son gran cosa; tú vete con alguien normal, como tú, y como los dos seáis morbosos… estoy seguro que en la sauna os oyerán, y luego los de gym ya se arrepentirán…”.

En este pensamiento estaba enfrascado Adrián cuando se percató de que un chaval, más alto que él, de edad presumiblemente similar, ojos claros y pelo castaño rizado, le estaba mirando y, al cruzar la mirada, también sonriendo. Adrián se ruborizó, y le respondió con otra sonrisa. “Qué guapo”, pensó. El muchacho había entrado en los vestuarios desde las instalaciones ya con toalla, por lo que, como pensó Adrián, debía llevar tiempo allí. Adrián, desnudo y listo para aquella aventura, cerró la taquilla, se enganchó la llave al brazo con el elástico de la que pendía, y dejó atrás al otro chico, que le volvió a sonreír mientras se alejaba de los guardarropas.Captura1

La sauna constaba de una piscina, sauna finlandesa y de vapor. Un jacuzzi junto a las duchas e infinidad de cabinas y pasillos en semioscuridad donde perderse y donde te pudieran encontrar. Así se la había descrito Gonzalo, y así era como Adrián estaba comprobando que estaba diseñada. Una ducha sería lo primero en darse, para después probar con un baño en la piscina. La piscina estaba vacía. Nunca pensó lo cómodo que era desvanecerse entre el agua caliente de un gran estanque como aquél. Bañarse en una tina pequeña como la de casa no tenía comparación alguna. Tras unos minutos, y ver que nadie se acercaba, pensó en darse una vuelta. No parecía haber mucha gente, pero no faltaba algún que otro que pasaba de acá para allá, le echaba un vistazo, y volvía a perderse por las instalaciones.

Adrián se asomó al interior de la sauna finlandesa. Un maromo de buena musculatura permanecía sentado con las piernas abiertas y la toalla entreabierta, dejando ver un buen carajo colgando de entre las piernas. Al percatarse de la presencia de Adrián se tapó. “Vaya”, pensó. “Seguiré buscando”. Pasillos con puertas abiertas, más de un maduro que se cruzaba mientras que otros esperaban dentro de los cuartos. Una zona de cine, un cuarto oscuro, una gran colchoneta en medio de una sala. Nunca pensó que la sauna diera para tanto. Más pasillos y más cuartos, y entonces de nuevo el chaval del vestuario. Adrián volvió a opinar lo mismo:“ Sí que es guapo, el cabrón”.

Captura3Una nueva sonrisa volvió a aparecer en la cara del muchacho, mientras que con la mirada parecía querer hablarle a Adrián y confesarle lo que apenas tardó unos segundo en decirle, mientras se paraba frente a él.

-Qué guapo eres, y qué ojazos tienes.

Adrián jamás pensó que fueran a saludarle de aquella manera ni con aquellas palabras. Si había algo que le gustara, es que un hombre, sin venir a cuento, le dijese que era guapo y elogiara los ojos azules que había recibido como herencia genética. Una amplia sonrisa iluminó su cara.

-Muchas gracias, tú también eres guapísimo.

-Gracias igualmente. Me llamo Ibai, ¿y tú?

Adrián jamás había escuchado aquel nombre. “Será vasco”, pensó. El chaval que tenía frente a sí tenía una voz masculina, pero a la vez sensible.

-Yo me llamo Adrián.

-Encantado Adrián. ¿Te apetece que pasemos dentro de un cuarto y charlemos?

Adrián asentó con la cabeza. Aquello no encajaba del todo con lo que le había comentado Gonzalo. Según su colega,Captura5 en la sauna se iba a saco. ¿Qué sería aquello de charlar? Pero no le desagradó la idea. Conocer un poco al chaval con el que se iba a la cama siempre le había gustado. Siempre había visto las relaciones sexuales como actos entre personas, aunque sólo fuera sexo. No tenían por qué actuar como animales, ni le gustaba que le usaran como un objeto.

Ibai se adentró en un cuarto cercano y, tras preguntarle a Adrián se le gustaba y con los dos ya dentro, cerró la puerta y echó el cerrojo interno. Sentados ambos sobre la colchoneta que la ocupaba como único objeto mueble que conformaba el lugar, Ibai volvió a sonreír a Adrián, y le preguntó la edad.

-Tengo 23-, le confesó-. ¿Y tú?

-25. ¿Y de dónde eres?

-Soy de un pueblo de Ciudad Real, pero llevo en la ciudad varios años estudiando. ¿Tú eres de aquí?

-No no, yo soy vasco, pero también llevo años fuera de casa. Me vine en busca de trabajo. Estoy de camarero en una cafetería.

-Supuse que eras vasco por el nombre.

-¡Jeje! Sí. Ibai es un nombre euskera. Significa río.

-No lo había escuchado nunca. Me parece muy bonito. Hace juego contigo, con tus ojos claros.

-¿Te gustan mis ojos?- preguntó Ibai con una sonrisa pícara mientras miraba fíjamente a Adrián.

-Me gustan tus ojos. No me canso de mirarlos, y me gustas tú.

-Y tu a mí. Y mucho.

Captura2Ibai no anduvo charlando más. Se acercó lentamente a Adrián sin apartar su mirada de los ojos del compañero, hasta alcanzar con sus labios los labios del análogo que tenía enfrente. La charla había roto el hielo. Aquel beso deshizo por completo cualquier escarcha que quedara, y el deseo comenzó a surgir lenta pero apasionadamente entre los dos. Los besos suaves dieron paso a besos cada vez más profundos, más largos. La lengua de Adrián se entremezclaba con la de Ibai. Cuando se separaban era para volver a mirarse fijamente, repitiendo sonrisas, acercamiento de labios, y de nuevo vuelta a besar.

Ibai se quitó la toalla y Adrián respondió con la misma acción. Ambos jóvenes mostraban ya sus penes en plena erección.

-¿Qué te gusta hacer?- preguntó Ibai.

-Soy activo, pero me encanta mamarla.

-Estupendo. Yo soy versatil, y me encantaría que me penetrases.

-Eso será un placer, pero antes quiero comértela.

-Es toda tuya.

Adrián bajó de la colchoneta y, de rodillas frente a Ibai, que abrió sus piernas frente a él, comenzó a lamer el falo delCaptura vasco tras descapullarlo suavemente. Sentía con sus dedos, mientras asía aquella verga, cómo ésta palpitaba de placer. Lentamente se introdujo el capullo en la boca y lo saboreó con gusto. Lo sacaba y lo volvía a ingerir, cada vez más profundamente, hasta lograr que todo aquel rabo estuviera dentro de sus fauces, dando con su garganta. La respiración de Ibai iba en aumento, mientras que sus suaves gemidos se multiplicaban. Entonces, como saliendo del éxtasis en que se encontraba, hizo por que Adrián se levantase y, tumbados unos sobre el otro, volvieron a besarse apasionadamente mientras sus pechos, sus piernas y sus pelvis se frotaban al unísono.

-Fóllame cabrón- pidió firmemente Ibai al oído de Adrián.

-Claro tío, pero… no tengo condones.

-Joder, yo tampoco. Tengo en la taquilla. Voy por ellos. ¿Vienes conmigo?

-Claro tío.

Adrián e Ibai se ataviaron con sus toallas y se dirigieron juntos hacia la zona del vestuario. Ibai abrió su taquilla y cogió un par de profilácticos, guiñando seguidamente el ojo derecho a Adrián. Regresando, se percataron de que junto a la cabina en la que habían estado un joven permanecía apostado cerca de la puerta. Al acercarse la pareja, el chaval se les quedó mirando fijamente. Ibai entró el primero seguido de Adrián, pero sin cerrar le preguntó.

-¿Qué te parece?

Adrián sonrió y asentó con la cabeza. Ibai parecía ser más morboso de lo que parecía. En ese sentido, todo apuntaba a que los dos eran bastante semejantes. Nunca antes había hecho un trío, pero la idea nunca le dejaba de rondar por la cabeza, y aquélla parecía una buena oportunidad. Ibai se giró dispuesto a decirle al chaval que entrase, cuando se dio cuenta de que el joven ya estaba dentro del cuarto.

-¿Puedo mirar? Soy hetero, pero me pone a mil ver follar a dos tíos.

-Claro chaval- respondió Ibai-. Pasa.

Captura6Poca timidez le quedaba ya a Adrián, y respondiendo por su parte con una sonrisa al nuevo compañero, y con un guiño a Ibai, le dijo a Ibai que fuera ahora él el que bajase y comiera de su nabo. Ibai no se lo pensó y chupó la polla de Adrián con ansias. El placer que invadió a Adrián era inmenso. Mientras Ibai le chupaba la verga, miraba fijamente al voyeur que junto a ellos, tumbado sobre la colchoneta, no perdía detalle de la mamada. La verga erecta del mirón salía ya de entre su toalla.

-Te gusta, ¡eh!- le dijo Adrián al nuevo.

-Joder, me encanta.

Ibai se levantó y le comió la boca a Adrián. Aquello que Adrián saboreaba ahora era su propio líquido preseminal, en la lengua del compañero. Ibai acercó los labios al oído de Adrián: “Éste de hetero tiene poco… Menudo calentón tiene y menuda polla tiesa luce. Démosle espectáculo”. Adrián le sonrió picaronamente y le guiñó el ojo como respuesta. Dirigiéndose hacia el voyeur, le preguntó.

-¿Quieres ver cómo me lo follo?

-Ufff, claro tío.

-Date la vuelta- dijo Adrián a Ibai.Captura7

El vasco obedeció y Adrián se arrodilló de nuevo frente a él, esta vez para lamer no su verga, sino su ano. El mirón se quitó la toalla dejando ver en completa plenitud su inmenso sexo, acercándose a Adrián para ver de cerca la comida de culo que le estaba practicando al contrario. Mientras con sus manos abría las nalgas de Ibai, Adrián recorría con su lengua sin parar el ojete caliente del vasco, húmedo por el morbo y la saliva que le iba depositando. Separó su cara y comenzó a pasarle el dedo índice por aquella abertura. Entonces acercó la mano al voyeur.

-Escupe.

El mirón obedeció, y con los dedos ensalivados, comenzó a follar el culo de Ibai. Los gemidos no tardaron en aparecer. Primero uno, después dos. Hasta tres dedos. La dilatación estaba hecha. Ahora ya podía meterle el rabo. Adrián se levantó y cogió uno de los preservativos que Ibai había tomado de su taquilla. Tras sacarlo de su envoltorio, se lo entregó al mirón.

-Pónmelo.

El voyeur no lo dudó. Colocó el condón en la polla de Adrián. Ibai seguía de pie, con las manos apoyadas en la colchoneta. Adrián se colocó tras él, y tras comerle en cuello acercó sus labios al oído del vasco y le preguntó.

-¿Cómo quieres que te folle?

-Despacio primero, pero después dame caña. Quiero que me revientes con tu polla.

Adrián puso su verga en el ano de Ibai, y lentamente empujó dentro. Despacio, pero sin parar, todo el cipote de Adrián entró dentro del culo de su compañero.

-Ufffff- exclamó Ibai.

-Cabrón, sí que lo tienes dilatado, y sí que te gusta que te metan la polla.

-Sí tío, y quiero sentir la tuya.

Captura8Adrián comenzó a mover su falo dentro de Ibai. Primero despacio, aumentando progresivamente el ritmo. El voyeur, de pie junto a Adrián, no dejaba de mirar ni de pajearse. Adrián se percató y, sacando del todo su verga para volver a meterla despacio después, se dirigió hacia él.

-Mira tío. ¿Te gusta? Mira cómo le follo el culo.

-Sí, Ufff. Me pone a mil. ¡Qué bueno!

Adrián dejó la verga dentro de Ibai, y agarrándole por los hombros comenzó a darle caña. El movimiento era cada vez más y más rápido, más y más fuerte. Los golpes de la cadera de Adrián en las nalgas de Ibai se acentuaron. El vasco comenzó a gemir más y más alto. Entonces Adrián sacó la polla e hizo que Ibai se tumbase sobre la colchoneta, de espaldas. Subiéndose sobre la misma, el activo se puso de rodillas frente al vasco y, colocando las piernas de éste sobre sus hombros, metió de nuevo la verga toda de una vez en el ya más que dilatado orto. Adrián comenzó de nuevo a bombear, sin parar.

-Me gustaría veros mientras os corréis. Lo que más me mola es ver cómo un tío se corre- confesó el mirón.

-A mí no me queda mucho- respondió Adrián.

-A mí tampoco- dijo Ibai.

Adrián sacó la verga y comenzó a pajearse sobre Ibai.

-Me gustaría que nos corriéramos sobre su cara- le dijo el voyeur a Adrián.

Adrián miró a Ibai buscando su consentimiento.

-Por mí genial. Dadme vuestra leche, cabrones.

Ibai se incorporó y puso la cara cerca del rabo de Adrián. Entonces, sorpresivamente, el mirón se acercó también y comenzó a comer cipote. Adrián no se esperaba aquello, y se echó a reir mientras miraba a Ibai, que se reía también.

-Quería comértela antes de que te corrieses.

-Pues has hecho bien, porque estoy a punto…

Adrián cogió la cara de Ibai y comenzó a pajearse con más y más fuerza.

-¡Me corro!

Un chorro de semen salpicó la cara de Ibai, mojándole la mejilla, la comisura izquierda y la barbilla. Entonces fue el mirón el que acercó su verga a la cara del vasco. El lefazo estalló alcanzando el pelo rizado del pasivo, mientras que el mirón gemía más y más.

-Joder, menudo corridón. Menuda ración de leche que le hemos dado, ¡eh!- le dijo Adrián al mirón.

-Ya te digo. Gracias chavales.

El voyeur dejó la estancia. Adrián se percató de que Ibai ya se había corrido. Aquellos lefazos sobre su cara habían sido el culmen para lograr su orgasmo. Ambos se limpiaron, y con la cara libre de semen, Adrián se acercó al vasco a comerle la boca. Ibai le respondió con un besazo.

Ambos jóvenes se marcharon hacia las duchas. Adrián dejó al vasco allí, tras despedirse de él, y fue a vestirse. Mientras entregaba llave, chanclas y toalla pensaba en su primera visita a la sauna, y su primer trío. Con una sonrisa en los labios pensó: “Tengo que contárselo a Gonzalo”.

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