Sexo entre mujeres

Sexo entre mujeres.

Abordamos las relaciones sexuales entre mujeres e intentaremos abarcar todos sus elementos fundamentales. Por supuesto, es imposible contemplar todas sus posibilidades, ya que no se pueden establecer límites para algo tan amplio, subjetivo y cambiante como son nuestras prácticas y deseos
sexuales.

En esta parte veremos, principalmente,cómo responde nuestro cuerpo ante la excitación sexual y las formas de estimularlo, ya sea a nosotras mismas o a nuestra pareja. También indicamos algunas claves para disfrutar de una vida sexual placentera y confiada, así como las prácticas sexuales más comunes en las relaciones lesbianas.
Cada uno de estos puntos adquiere un lugar y valor únicos. El orden en el que mostramos las diferentes prácticas sexuales es anárquico, ya que ninguna de ellas posee mayor importancia sobre las otras. No le damos un papel central a los genitales, ya que no es la única zona sexual del cuerpo, ni la que nos

proporciona siempre un mayor placer. No hablamos de preliminares, porque no existen: de principio a fin, todo forma parte de lo mismo, desde las primeras miradas hasta las últimas gotas de sudor.
La vagina es la zona del cuerpo de la mujer que ha sido considerada a lo largo del tiempo como más capacitada para producir placer sexual. Este mito se ha ido reforzando día a día a través de la
educación, de las relaciones sociales y de los medios de comunicación.
Tenemos que destacar que la consideración del coito como la práctica sexual preferente, adecuada y más satisfactoria se ha mantenido socialmente a través de la imposición de la heterosexualidad como modelo sexual.

De la misma manera, ahora sabemos que el órgano que interviene en la producción de nuestros orgasmos es el clítoris y no la vagina, y que las relaciones sexuales pueden mantenerse de muchas maneras sin que
obligatoriamente se produzca la penetración vaginal.
No obstante, el peso de estas creencias y la herencia que han dejado en muchos sectores de la población han contribuido a prestar una atención excesiva y, a veces única, a la vagina como nuestro órgano sexual por excelencia.
El material de sexualidad lesbiana que aquí mostramos no pretende ser un manual de posturas cerrado e inflexible. Todo lo contrario; su objetivo es orientarnos y darnos algunas claves y sugerencias para que seamos amantes creativas, dispuestas a dar rienda suelta a nuestra imaginación y con ella a nuestra sexualidad.
Porque es importante que reconozcamos que la sexualidad no es igual para todas nosotras ni en su concepto ni en su práctica.Lo que para unas puede ser una práctica satisfactoria, para otras puede resultar poco estimulante, incluso desagradable, o algo a lo que acercarse con la práctica y el tiempo.
Del mismo modo que todas y cada una somos cambiantes, flexibles, diferentes y únicas, hay múltiples formas de mantener relaciones sexuales plenas y satisfactorias, por lo que no podemos encasillarnos en ninguna concreta. El cambio y la imaginación son imprescindibles en nuestras vidas y en todo lo que engloba nuestra experiencia sexual.

Respuesta Sexual

La respuesta sexual es la forma en la que nuestro cuerpo responde ante los estímulos y la actividad erótica. Existen cuatro fases de respuesta sexual por las que las mujeres pasamos a nivel fisiológico: excitación, meseta, orgasmo y resolución. No obstante, no podemos olvidar que en la actividad sexual no sólo intervienen factores fisiológicos. La sexualidad no es sólo cuerpo; tenemos que tener en cuenta que también participan en ella componentes psicológicos y emocionales.
Hay muchas situaciones y experiencias que pueden despertar nuestra libido y, a veces, de manera inesperada. No sólo el sentido del tacto es el responsable de que comencemos a sentirnos excitadas.
Algunos olores, palabras pronunciadas o susurradas en un momento determinado, y la visión de imágenes evocadoras o de escenas de actividad sexual, pueden conseguir que nuestro cuerpo vaya preparándose para adentrarse en el mundo de lo carnal. También nuestra mente, y en ella nuestras fantasías sexuales, pueden
suponer un potente estímulo excitatorio.

Excitación

Durante la excitación se trastornan las quietudes corporales. Aumenta la tensión muscular del cuerpo, que se refleja en la piel. Se produce también una mayor afluencia sanguínea en algunas zonas, arder comprometidamente. El clítoris se hace algo más grande y la mayor concentración de sangre en él provoca que su color sea más intenso. El ritmo cardíaco aumenta y se segrega flujo vaginal, que actúa como lubricante natural. Esto permite realizar la estimulación de la vagina y del clítoris con mayor facilidad y, consecuentemente, de manera más placentera. Algunas mujeres pueden segregar mucho flujo vaginal mientras otras apenas lo hacen. No existe una cantidad determinada o considerada normal, ya que cada caso es diferente. El único inconveniente es que, si el flujo vaginal es muy escaso, puede resultar molesta la estimulación genital directa. En estos casos, es aconsejable utilizar algún tipo de lubricante para facilitar el cómodo acceso a la vagina y el movimiento en su interior.
El clítoris se endurece y aumenta de tamaño, haciéndose más visible para mostrar así cómo se acrecienta su apetito. Los labios menores se oscurecen y también aumentan de tamaño. Y los labios mayores, en cambio, se abren ligeramente y se aplanan. Por su parte, el útero se eleva, produciéndose un leve alargamiento de la vagina.

Meseta

Los cambios que el cuerpo ha ido experimentando se intensifican al llegar a la fase de meseta.
Los pechos, a su vez, comienzan a aumentar de tamaño voluptuosamente y los pezones se endurecen. El ritmo cardíaco y la respiración se aceleran para compensar el gran desgaste de energía que supone la actividad librada por las amantes durante la batalla sexual.

Algunas mujeres no llegan a la fase de orgasmo, quedándose durante un mayor tiempo en la fase de meseta y experimentando también muchísima satisfacción sexual durante ésta. El final de la fase de meseta podríaconsiderarse como el momento preorgásmico. Un instante efímero —que podríamos considerar
mediado por la locura—, en el que nuestra mente y nuestro cuerpo están desbordados de placer, adelantándose a lo que está a punto de llegar.

Orgasmo

El orgasmo se describe como algo absolutamente indescriptible. En esta fase nuestro cuerpo se libera de
toda la tensión acumulada anteriormente y comienza a contraerse de manera rítmica. Estas contracciones tienen lugar principalmente en la zona de los genitales, que se convulsionan acaloradamente.
Durante la liberación erótica, nuestra mente pierde su capacidad de juicio y sólo podemos percibir las sensaciones que recorren nuestro cuerpo —la locura ahora nos dirige por completo—. Y nos rendimos ante ellas.

Resolución

Poco a poco, todas las zonas de nuestro cuerpo, que se han visto felizmente envueltas por la actividad sexual, vuelven a su estado inicial, anunciando derrotadas su eventual tregua. Conforme la sangre acumulada va retirándose de los genitales, la vagina va recuperando su tamaño habitual.

El clítoris vuelve a hacerse más pequeño y su color rojizo deja de ser tan intenso.
Al llegar a la fase de resolución (tras uno, varios o ningún orgasmo), el clítoris se vuelve muy sensible y su estimulación inmediata puede causar sensaciones desagradables. Es mejor esperar un tiempo antes de comenzar de nuevo la aventura estimulatoria en esta zona de perdición.
Es importante que durante nuestras relaciones sexuales el orgasmo no se convierta en la meta obligatoria. No hay que obsesionarse, ya que la misma presión puede provocar tensión y malestar en ambas amantes, además de que no se consiga llegar al clímax. Si el orgasmo llega, fantástico. A todas nos gusta disfrutar de él. En cualquier caso, el encuentro es igualmente fabuloso, ya que cada roce, beso y estimulación han
supuesto elementos de goce y de satisfacción sexual. Disfrutemos el placer por el placer mismo, en presente, sin objetivos ni metas planteadas con antelación.

Orgasmo múltiple

Hay mujeres que, con la estimulación adecuada y en el momento adecuado, son capaces de encadenar más de un orgasmo, bien seguidamente, bien tras una pequeña pausa.
Muchas mujeres que pensaban no ser capaces de experimentar un orgasmo múltiple han descubierto con el tiempo que, ante una estimulación determinada, sí llegan a tenerlo. En cambio, otras lo intentan incesantemente y no alcanzan a experimentarlo. Puede que éste sea uno de los enigmas difíciles de descifrar que se esconden bajo nuestros distintos cuerpos y personalidades.
En cualquier caso, lo mejor es que nos desprendamos de los prejuicios y tensiones para conseguir que nuestra sexualidad recorra caminos a los que nunca antes hubiéramos imaginado llegar.
De esta manera, puede que descubramos el orgasmo múltiple y también puede que no. Pero lo que sí es seguro es que nuestro cuerpo nos revelará zonas eróticas que desconocíamos o que nos parecía que
permanecían dormidas, como si de una confesión de vida se tratara. Liberando nuestros deseos, disfrutaremos de una sexualidad más plena y llena de posibilidades.

MASTURBACIÓN

La masturbación es la autoestimulación del cuerpo y los genitales a fin de obtener placer sexual. Es una práctica sexual con una misma. Masturbarse no sólo es satisfactorio sino también muy recomendable. La masturbación ha sido uno de los temas tabúes de la sexualidad femenina, pero hoy podemos decir con seguridad que masturbarse es bueno y no algo de lo que avergonzarse.

Es imprescindible tener conocimiento del propio cuerpo y de cómo responde ante los diferentes estímulos sexuales. Hay que dedicarle tiempo a nuestro cuerpo, dejarle hablar y escucharlo sin prisa para así poder descubrir lo que le gusta y cómo le gusta: movimientos, ritmos y presión de las estimulaciones en cada una de sus zonas.

Todo este aprendizaje no nos aportará únicamente una fuente importante de placer, sino que ayudará a mejorar nuestra sensibilidad sexual y a disfrutar de relaciones más enriquecedoras. Porque, si
no tenemos conocimiento de nuestro cuerpo, ¿cómo vamos a hacerle disfrutar de mil maneras posibles y cómo vamos a conseguir que otra persona sea capaz de lograrlo?
Pero no sólo es necesario conocer la forma particular que tiene nuestro cuerpo de comportarse ante el sexo. Para poder comprenderlo, también debemos realizar un meticuloso acercamiento hacia todo su
físico, recorriendo cada poro de nuestra piel sin olvidarnos, por supuesto, de los órganos genitales.
La exploración de los genitales es un ejercicio sumamente aconsejable para todas. Normalmente, no observamos con detenimiento esta zona oculta ni todo lo que posee, bien por pudor o bien porque
se considera innecesario. Pero éste es el primer paso para el autoconocimiento del cuerpo. Es asombroso todo lo que tienen escondidos nuestros genitales esperando a que lo descubramos…
Hace poco, tumbada en la cama, al sentir mi sexo algo irritado le pregunté a mi amante: «¿Tengo algo ahí?» A lo que me respondió: «No, parece que está todo bien, ¡pero tienes un lunar aquí!» Mi contestación inmediata: «Sí, ya lo sé» le dejó una cara de extrañeza durante algunos segundos. Pero si conozco el lunar que tengo alojado en mi costado, ¿cómo no voy a tener noción del que reside junto a mi clítoris?

De este modo, si el conocimiento y la comprensión de toda nuestra superficie carnal es el primer paso, la masturbación debe ser el siguiente. Para aquellas mujeres que nunca lo han experimentado, lo ideal sería un acercamiento progresivo, aunque el ritmo con el que intimamos con nuestro cuerpo tenemos que marcarlo nosotras, dependiendo de nuestras apetencias. No hay una pauta establecida para algo tan personal y privado. De la misma manera, es importante saber qué podemos sentir con todo nuestro cuerpo, con cada uno de sus rincones. La masturbación suele estar limitada a los órganos genitales, descuidando la
exploración de muchas otras partes que nos pueden aportar satisfacciones únicas. Asimismo, no es contradictorio seguir masturbándose en privado cuando tenemos una pareja con la que mantenemos relaciones sexuales. Masturbarse no significa que nuestra vida sexual no sea satisfactoria: son dos cosas
distintas y no excluyentes. Podemos disfrutar de una sexualidad activa y placentera con otra mujer y también con nosotras mismas. La masturbación es algo nuestro, personal y privado, con nuestro cuerpo y nuestras fantasías. Y también con nuestros recuerdos. Tú cambiaste las normas de mi cuerpo. Y hoy tengo nostalgia de ti. Como con voluntad propia, mi incestuosa mano desciende lentamente entre los surcos privados que anoche eran tuyos. Suave recoge la llamada de una piel que urgida la espera, y llega hasta las humedades descontroladas de mi entrepierna, agitándolas mientras repito cien veces tu nombre.

Besos

Todo comienza con un beso.

Los besos señalan el momento de algo que se sabe que empieza pero no cómo ni cuándo acabará. Nadie es inmune a ellos. Con los besos se abren las puertas del placer de todo el cuerpo. Son diestros desencadenando los temporales más libidinosos. No tienen una duración determinada y sus formas pueden ser tan variadas como todos y cada uno de los besos que se han dado y se darán en el mundo. Hay besos con los que parece pararse el tiempo mientras se entremezcla el aire en la boca. En otros, la taquicardia que acompaña a las bocas pegadas festeja la urgencia de los roces y las salivas.
Nunca un beso significa lo mismo que otro. Y cualquier momento es bueno para entregarse en besos.
Los labios y la lengua poseen una importancia suprema en la actividad sexual. Estas dos zonas erógenas están repletas de terminaciones nerviosas, hecho que convierte a la boca en una de las partes más sensibles de todo nuestro cuerpo, capaz de perturbar a las almas más sosegadas.
Con los besos no sólo proporcionamos placer a nuestra amante; nuestro propio cuerpo, además, se estimula y anuncia que quiere más. Sus exigencias se traducen en forma de calor, de temblor y tensión en los músculos pero, sobre todo, a través de la excitación y del deseo, con avalanchas de deseo.
Indudablemente, existen besos apasionados, otros más suaves, algunos que se apoderan (literalmente) de la boca de la amante, con lengua o sin lengua, juguetones, acompañados de mordiscos:
la variedad es infinita. Pero los besos nunca dejan de ser intuitivos, por mucho que besemos una y otra vez. No tienen un comienzo ni un desarrollo prefijado. Del mismo modo, no siempre besamos igual a todas las personas. Dos mujeres, dispuestas por primera vez a fundir sus bocas en una, son siempre, ambas,
inexpertas en el arte de besar a la mujer con la que se encuentran frente a frente, boca a boca.
No hay una forma perfecta o adecuada de besar. Son muchas las formas de hacerlo y muchos los lugares del cuerpo a los que otorgar besos, además de la boca. La estimulación con los labios y la lengua del resto del cuerpo puede provocarnos placeres que nos hagan enloquecer de manera sobrecogedora.
Los besos no simbolizan únicamente deseo. También los damos y recibimos como señal de afecto y amor.
Cuando besamos a nuestra amante, a aquella con la que no sólo compartimos la cama sino que también es amada bajo la piel, los besos toman un sentido distinto.
Con ello, cuidamos y reforzamos sentimientos y mantenemos despierta la pasión.
Todo encuentro debería terminar con otro beso.

Tribadismo

El término tribadismo deriva de las palabras griegas tribadé, que significa «ella la que roza», y tribein, que significa «frotar» Por este motivo, las mujeres que utilizaban esta práctica sexual eran llamadas tribas. Es cierto que en la antigua Grecia la homosexualidad femenina no estaba bien vista, por lo que el término tribadismo nace con matices peyorativos. No obstante, a lo largo del tiempo las mujeres lesbianas
hemos reconceptualizado positivamente muchos de los términos y prácticas sexuales con las que se designa nuestra experiencia erótica.
Consiste en el frotamiento del clítoris con alguna de las partes del cuerpo de la pareja sexual, dando lugar a multitud de posibilidades de roce: con el clítoris de la amante, con la pierna, el brazo, los pechos, los glúteos, o cualquier parte del cuerpo que produzca placer a quienes realizan esta práctica.
El frotamiento de estas zonas erógenas puede practicarse con ropa o sin ella, ya que el clítoris se caracteriza por su gran sensibilidad y su simple roce continuado puede producir placer sexual.
La postura más conocida del tribadismo es la llamada «posición de tijeras». En ella, las amantes se encuentran frente a frente, produciéndose la fricción de ambos clítoris, uno contra otro. Las piernas se encuentran entrelazadas como si dos tijeras abiertas (que serían las piernas) se juntaran de frente en el punto
donde comienzan sus aberturas (lugar que serían los dos clítoris unidos).
También es muy común la práctica del tribadismo haciendo que se unan cara a cara cada una de las partes semejantes de los dos cuerpos: pubis con pubis, boca con boca, piernas con piernas, manos con manos, meciéndose todas a la par. Es como si ambas amantes se fundieran, confundiéndose los cuerpos entre tanta unión y movimiento: cuatro manos, dos bocas, cuatro pies, dos clítoris y cientos de roces. Matemática en estado puro.
En primer lugar, carece de sentido buscar la equivalencia de una práctica sexual en la que los protagonistas son dos clítoris con cualquiera de las prácticas sexuales heterosexuales, ya que en ninguna de ellas  intervienen dos clítoris que se dan placer mutuamente.
En segundo lugar, sin duda, existe una tendencia común errónea a asociar orientaciones sexuales determinadas con prácticas sexuales concretas, en lugar de ver personas con capacidad para experimentar placer con infinidad de partes de su cuerpo. No es exclusivo de la práctica sexual heterosexual la unión de las zonas genitales para ofrecerse placer mutuo. Al afirmar que sí es exclusivo, una vez más, estamos colocando la heterosexualidad en el centro de las múltiples opciones eróticas de las personas y, dentro de ella, la práctica sexual del coito. De este modo, la sexualidad lesbiana quedaría en una posición de subordinación y dependencia respecto a la heterosexualidad, que adquiere una función modélica de las distintas prácticas sexuales. Hasta que no rompamos con la idea de que la heterosexualidad es la única opción sexual posible, perfecta, central y normalizada, continuaremos arrastrando mitos e ideas perniciosas sobre la sexualidad lesbiana. Es importante darse cuenta de que nuestra sexualidad no sigue un modelo concreto: se basa en nuestros propios deseos y en nuestros cuerpos unidos.

Estimulación manual del clítoris.

Nuestro clítoris es un órgano muy sensible donde la sangre fluye y se convoca, capaz de ofrecernos sensaciones incomparables, de procurarnos orgasmos escalofriantes ahí donde nuestras terminaciones nerviosas se concentran de manera casi ilimitada.
Sus características lo convierten en una zona erógena dotada para regalarnos placeres sexuales absolutos. Pero el clítoris no sólo está conformado por la parte que podemos ver de él. Internamente continúa, aunque no sea visible al estar tapado por los labios mayores. Su parte oculta también es sumamente excitable,
por lo que su estimulación desde el exterior, desde la superficie, es muy recomendable para acrecentar las sensaciones de placer. Podemos tentar eróticamente el clítoris con nuestra mano adoptando muchas posturas sexuales. Ya que los cuerpos pueden juntarse de mil formas, en muchas de estas uniones las manos podrán deslizarse en busca de este órgano fiel, que seguramente las espera con impaciencia.
Muchas veces preferimos la combinación de la estimulación del clítoris junto a la de otras zonas erógenas
como los pechos, la espalda, el cuello, la boca o bien la vagina o el ano. No existen reglas y las posibilidades de hacer bellas manualidades con el clítoris y el resto del cuerpo son innumerables. En la enredadera de las pieles todo vale. No hay una pauta concreta cuando estimulamos el clítoris de nuestra amante, ya que a cada una nos gusta de una manera particular. Pero sí existen determinados consejos que hay que tener en cuenta a la hora de intimar con él:
• En algunas ocasiones, podemos no sentir excitación o incluso sentir molestias al pasar inmediatamente
a la estimulación del clítoris. Si dedicamos tiempo previo a estimular diferentes zonas erógenas y en especial las que se encuentran cercanas al clítoris, conseguiremos que la excitación aumente. Así, acrecentaremos la
sensibilidad en todo el cuerpo y en nuestro objeto de deseo.
• Realizar una estimulación completa, puesto que existen terminaciones nerviosas en cada parte del clítoris, no únicamente en la visible.
• Mantener el mismo ritmo y presión una vez que está llegando al orgasmo.

Estimulación de ambos clítoris.

La estimulación del clítoris también puede consumarse mutuamente entre las dos amantes. Esta práctica sexual puede resultar muy excitante para ambas, ya que las dos comparten sensaciones en el
mismo lugar y al mismo tiempo. Las manos y los clítoris se comunican entre ellos, y antes de iniciar su baile, se hablan de las tristes noches que pasaron a solas, aferrándose a su húmedo recuerdo.

Puede experimentarse de diferentes modos: cara a cara es una de las más apetecibles. La visión de las expresiones faciales y de los movimientos corporales de placer de la pareja sexual puede intensificar la excitación de ambas. Esta postura puede llevarse a cabo estando las dos amantes tumbadas, de pie, de rodillas, sentadas y en cualquier lugar en el que las manos no puedan soportar el permanecer más tiempo separadas de sus amados clítoris.También puede practicarse estando una a espaldas de la otra. Aquella que abraza la espalda de su compañera rodea su cintura con el brazo, estimulándola desde atrás. La otra extiende su brazo hacia atrás, estimulando el clítoris de la amante aunque éste escape a su visión.

Ambas pueden disfrutar de esta práctica tumbándose de lado y de manera inversa, como en la posición del 69. Cada una de las caras y las manos se encuentran de frente con los genitales de la amante. Y
da comienzo el cortejo de los clítoris. En estos dulces avatares, el órgano carnal exige un precio por su conquista: la promesa de que éste no sea el último de sus encuentros.

Cunnilingus o sexo oral.

Consiste en la estimulación con la boca y con la lengua tanto del clítoris como de los labios mayores y menores de los genitales, que están situados a orillas del clítoris.

La lengua, con su textura única, húmeda, suave y experta en crear movimientos y ritmos se convierte en un instrumento de estimulación básico y de gran intensidad. Chupar, lamer, comer el clítoris y el resto del sexo de la amante es una de las experiencias sexuales más tentadoras y placenteras para muchas mujeres. Esto se debe a que tanto la lengua como el clítoris son dos órganos poderosamente sensibles, por lo que su unión siempre conlleva escandalosas sacudidas de los sentidos. Muchas amantes se preguntan cuál es la mejor manera de realizar un cunnilingus.
Esta práctica, como cualquier otra, requiere de tiempo y de experiencia para poder llegar a ser una experta en el arte de excitar oralmente el sexo de la mujer con la que se intercambian fluidos corporales.
Pero, una vez más, hay que tener en cuenta que cada mujer tiene sus propias preferencias. También hay que considerar que los gustos y apetencias pueden variar a lo largo del tiempo. Así, la pericia adquirida en el cunnilingus realizado a una pareja sexual determinada no garantiza satisfacer a todas y cada una de
las amantes utilizando la misma forma de estimulación oral.

¿Qué es lo que determina el tipo de estimulación clitoriana que le gusta a ella? Sin duda, un elemento clave es la sensibilidad de su vulva y de su clítoris, ya que varía en cada una de nosotras. Hay mujeres que prefieren un toque lento y suave, otras rápido y firme, algunas prefieren variaciones en el ritmo y otras mayor constancia.
Para encontrar la forma idónea de estimularla, podemos utilizar varias estrategias. La más sutil es observar las señales que emite su cuerpo ante las diferentes formas de estimulación, hasta descubrir cuáles le producen mayor placer. Estas señales pueden ser expresiones faciales, gemidos o aceleraciones estrepitosas de la respiración. Otra manera, sin duda más directa, consiste en preguntarle abiertamente y/o pedirle que su mano actúe como guía para de ese modo aprender sus preferencias estimulatorias en el clítoris.
Al igual que con la estimulación manual del clítoris, cuando realizamos el cunnilingus es importante hacer algunas recomendaciones.
Se puede dedicar tiempo a la previa estimulación de otras zonas para aumentar así la sensibilidad del clítoris, estimularlo al completo, no sólo la parte que de él sobresale, o mantener la misma presión y ritmo cuando se está llegando al clímax.

69 (Sesenta y nueve)

El 69 es un cunnilingus o sexo oral en el que las dos mujeres estimulan y son estimuladas al mismo tiempo. Cada boca deslenguada yace en el clítoris de la amante, de modo que ambas ofrecen y reciben estimulación y placer de manera simultánea. Para aquellas que disfrutan enormemente del sexo oral, el 69 suele suponer una de sus prácticas sexuales preferidas, ya que se comparten sensaciones de entrega y de rendición durante el turbulento diálogo de los cuerpos.
Esta práctica sexual puede realizarse de distintas formas: con una amante tumbada en horizontal y con la otra sobre ella, haciendo coincidir cada boca con el pubis de la pareja, o bien con ambas ladeadas, de manera que el peso del cuerpo de una de las dos no recaiga sobre la otra.
Lo importante durante esta práctica es mantener un equilibrio entre lo que se está llevando a cabo para excitar a la compañera sexual y el placer que al mismo tiempo se está recibiendo. Es posible que limitar la atención a la forma en la que se estimula a la amante pueda hacer que nos distraigamos de nuestras propias sensaciones corporales. De la misma manera, si nos centramos únicamente en nuestro placer, posiblemente estaremos descuidando que la estimulación oral dirigida a nuestra amante le esté resultando placentera.
Podríamos decir que el clásico 69 se realiza de manera oral, aunque también es posible realizar esta postura estimulando los genitales de la compañera manualmente.
El 69 es el arte oral de sentir y hacer sentir al mismo tiempo. Las lenguas prisioneras en los sexos de las amantes provocan un autentico carnaval de los sentidos. Las bocas se alimentan del sabor de las intimidades entregadas. Es el  momento de amor físico en el que los gemidos son tapados por pubis que exigen una lengua experta que no desperdicie su talento y continúe lamiendo hasta el clímax.

El contexto y los lugares (comunes).

En algunas ocasiones, nuestro cuerpo prácticamente nos exige que vayamos directas al sexo, y que nos desnudemos apresuradamente para comenzar a besarnos y tocarnos sin pausa ni freno. Pero en otras ocasiones, preferimos preparar con sumo cuidado cada detalle, a fin de lograr un ambiente íntimo que
desate nuestras pasiones y deseos más ocultos.

La variedad de ambientes con los que se puede innovar es muy amplia. Todo dependerá de las apetencias y de la imaginación de las amantes. De igual modo, en función del lugar elegido (dormitorio, cuarto de baño, playa, coche, etc.), variarán las posibilidades de los preparativos ambientales y sexuales. Normalmente se nos olvida prestar atención a estos detalles y, a veces, para abrir las puertas del placer es necesario
dedicar tiempo a estimular los sentidos. Lo ideal, cuando se quiere crear un ambiente que despierte y descontrole el apetito sexual, es estimular los cinco sentidos: que el oído, el tacto, el olfato, la vista y el gusto no puedan resistirse.
La cama no es el único lugar donde podemos mantener relaciones sexuales.
Para conservar vivo el deseo, es esencial emprender la búsqueda de nuevas expresiones de placer a través de lugares sexuales distintos. Si nuestro territorio amatorio abarca escasamente unos metros, podemos llegar a habituarnos a él y nuestro deseo disminuirá. Cualquier rincón de la casa puede conquistarse con los cuerpos y ser perfecto para asomarse al vasto mundo de los instintos. También algunos lugares públicos, como la playa, un callejón, el campo, etc., pueden incitarnos a deslizarnos eróticamente en ellos con nuestra amante, para envolvernos en una experiencia sexual sin precedentes.

Juegos con comida

Es imprescindible, a la hora de mantener relaciones sexuales, buscar formas de innovar y sorprender a la pareja. A través de estímulos novedosos y diferentes se podrán descubrir infinidad de caminos que nos lleven hacia el pleno deleite. Incorporar algunos juegos con comida puede ser una gran opción y, dada la variedad de alimentos, el abanico de posibilidades que se abre en nuestra actividad sexual es indiscutible.
Los alimentos que generalmente suelen entrar a formar parte de nuestros encuentros sexuales son: algunas frutas (fresas, naranja, cerezas, uvas, etc.), la nata, el chocolate, la miel, el yogur y también algunas bebidas como el vino o el champán. La elección de estos alimentos se debe al componente erótico que llevan asociado y a que su manipulación puede ser más sencilla que la de otras comidas. Estos alimentos entran a formar parte del juego sexual no sólo a través de sus sabores, sino también por sus distintos aromas, texturas y colores, que aderezados con los cuerpos, el sudor y el apetito sexual pueden dar lugar a exquisitos encuentros carnales. El recetario sexual es interminable. Hay personas que atribuyen a determinadas frutas y especias poderes afrodisíacos, capaces de aumentar la excitación sexual y la capacidad para experimentar placer. Los afrodisíacos pueden considerarse un mito y, a la vez, una posibilidad.

Zonas erógenas.

Todas tenemos nuestra propia historia en el aprendizaje sexual y distintas preferencias por zonas y lugares de estimulación que nos hacen disfrutar más. Los encuentros sexuales pueden convertirse en una aventura fascinante a la búsqueda del roce que le produzca mayor placer a nuestra pareja y consiga dejarla sin aliento. En esta expedición contamos con la ayuda de determinadas partes de nuestro cuerpo en las que se concentran un mayor número de terminaciones nerviosas, por lo que son muy sensibles al tacto. Son los

puntos cardinales del mapa erótico de cada cuerpo. Así, estas zonas serán nuestra guía en la placentera ruta de nuestras de sensaciones.Sin duda, la piel es la más extensa de las zonas erógenas,
cargada de gran cantidad de terminaciones nerviosas. Tocarla y acariciarla, ya desde la infancia, ha supuesto un acto de gratificación y de comunicación. Hay muchas formas de tocar a nuestra amante que diferirán según lo que
queramos comunicar y conseguir. Podemos estimular eróticamente a través del tacto con besos, caricias, pequeños roces, mordiscos apasionados, lamiendo y relamiendo… Según la intención con la que tocamos a nuestra pareja sexual (y también en función de la forma y del contexto en el que lo hagamos), nuestra estimulación podrá provocarle relajación, activación, excitación, cosquillas o, en el peor de los casos, rechazo.

Nuestro primer organo erótico es el cerebro, ya que cualquier estimulación de la piel se envía desde sus terminaciones nerviosas hasta el encéfalo. Desde ahí, la señal se remite a los centros nerviosos sexuales, en la médula espinal, traducida como información placentera. Los órganos genitales son unas de las zonas erógenas del cuerpo, donde se concentran un gran número de terminaciones nerviosas. Las partes más sensibles de esta zona son el clítoris, el ano, el primer tercio de la vagina y el perineo.
El perineo se encuentra cercano al clítoris y es una zona erógena de gran sensibilidad que, en muchas ocasiones, pasa desapercibida. Está ubicado en la zona que se encuentra entre el ano y la vagina, y su estimulación manual u oral también provoca suma excitación.
Pero los genitales no son los únicos órganos susceptibles de provocarnos placer sexual. Y aunque a veces nos centramos directamente en ellos durante nuestros encuentros, hay muchas otras partes de nuestro cuerpo sumamente excitables y capaces de proporcionarnos sensaciones inigualables que no merecen
quedar olvidadas. Comenzaremos a señalar estas zonas erógenas, a veces descuidadas, recorriendo el cuerpo de abajo a arriba. Esto no significa que tengamos que seguir este orden al estimular a nuestra compañera. El recorrido no debe ser un acto estructurado sino algo natural, dirigido por el momento y las propias amantes.
Masajear los pies y los tobillos puede procurar relajación después de un día repleto de actividad. Pero su estimulación también puede provocar sensaciones de excitación sexual, siempre dependiendo de cómo se toquen y del contexto en el que se haga. Es recomendable realizar las caricias con bastante presión, ya que un roce suave puede provocar cosquillas en esta zona tan sensible al tacto.
En las piernas encontramos dos lugares especialmente sensibles, los muslos y las corvas.
Recorrer la parte exterior e interior de los muslos es un buen comienzo para excitarnos y más aún si desde el interior de los muslos nos vamos acercando lentamente a la zona de la vagina. Allí se encuentran las ingles, también extremadamente sensibles. Es aconsejable realizar los contactos con estas zonas mediante roces suaves usando las manos,los labios y la lengua, evitando los mordiscos.
Los glúteos poseen gran cantidad de terminaciones nerviosas. Su estimulación puede realizarse de tantas formas como las propias amantes elijan. Los acercamientos al ano pueden intensificar las sensaciones de placer. La cintura y el abdomen pueden ser una zona donde juguetear eventualmente.
Una de las formas más conveniente de estimularla es mediante toques suaves y pausados con la lengua y los labios.
Recorrer la espalda desde su comienzo en la nuca hasta el final, donde empiezan los glúteos, es garantía de enormes estremecimientos de placer. Es recomendable procurarle a esta zona movimientos suaves, lamiéndola con la lengua y/o acariciándola con la yema de los dedos, o incluso con la mano entera.
Las manos y las muñecas también están cargadas de terminaciones nerviosas. Podemos experimentar un gran placer cuando nos estimulan las comisuras de los dedos, bien con la yema de los dedos o bien con la lengua. También al lamer los dedos, la parte interior de las muñecas o al introducir un dedo en la boca. El frotamiento con mayor presión de la palma de las manos también resulta muy estimulante.
Los pechos son muy sensibles. Cuando nos excitamos aumentan de tamaño, su piel se eriza y los pezones comienzan a endurecerse. Los pezones son extremadamente sensitivos. Su estimulación puede hacerse lentamente o con un ritmo más acelerado, según las apetencias sexuales del momento.
Al llegar a la cara, se unen los sentidos del tacto y la vista. El juego de miradas puede intensificar las sensaciones percibidas. La boca, uno de los centros claves del placer, puede estimularse con la otra boca, con los dedos y con cualquier otra parte del cuerpo que ambas deseen. El cuello, por su parte, también es una zona de gran sensibilidad a la que podemos acercarnos de muchas maneras:
con las manos, a través de caricias y roces, o con la boca y con la lengua, a través de mordiscos y besos.
Acercándonos a las orejas, el sentido del oído entrará también a formar parte del encuentro a través de los susurros y, por supuesto, de los gemidos. Esta zona es muy sensible al tacto y su estimulación puede procurarse tanto con las manos como con la lengua.

Estimulación Anal.

El ano es una zona erógena cargada de terminaciones nerviosas.

Cuando las amantes se dirigen a esta zona para estimularla, atraviesan uno de los lugares que más placeres oculta en su interior. No obstante, hay mujeres que tienen reticencias a la hora de involucrarse en esta práctica por miedo a experimentar dolor o molestias, o porque consideran que es poco higiénica. Padecer dolor o molestias durante el sexo anal suele deberse a la falta de relajación de los músculos del ano, que impide la dilatación necesaria. De hecho,
el ano tiene una gran capacidad para aumentar el tamaño de su abertura. Por este motivo, en principio, su estimulación no tiene que originar dolor. Lo mejor es dejar la ropa interior aparcada junto al pudor y el miedo. A pesar de las posibilidades de dilatación de ano, hay que tener en cuenta que no se lubrica a sí mismo de manera natural como lo hace la vagina. Debido a ello, introducir repentina y/o bruscamente en el ano uno, varios dedos o un dildo, sin haber conseguido la dilatación necesaria, puede provocar dolor y, consecuentemente, rechazo a esta práctica. Utilizar un lubricante puede facilitar la penetración y la movilidad: los dedos resbalarán suavemente por las cavidades en sombra del ano. A la hora de mantener relaciones

sexuales, el nerviosismo y la falta de relajación no sólo inducen a los músculos a contraerse y, por tanto, a cerrarse. Provocan, a su vez, que disminuya nuestra excitación general.
Bajo un estado de nerviosismo, nuestra atención no se centra en los estímulos que intentan activarnos sexualmente. En su lugar, se desvía hacia aquello que nos causa intranquilidad, no dejándonos
pensar (ni sentir) otra cosa: «¿me dolerá mucho?», «¿y si no me gusta?», «¿y si quiero que pare?»
Si hemos practicado la estimulación vaginal con penetración, recordaremos que también era dolorosa al principio. Estas molestias no estaban provocadas por la rotura del himen, sino por el acusado nerviosismo de las primeras veces. Cuando comenzamos a relajarnos con la penetración vaginal, el dolor fue
desapareciendo y pudimos disfrutarla de manera placentera.
Algunas amantes prefieren iniciarse en la estimulación anal masturbándose ellas mismas. Es mucho más fácil que una mujer se atreva a probar y a disfrutar de la estimulación anal en pareja si ha llegado a sentirse cómoda con esta práctica cuando se masturba.
También hay que tener especial cuidado con la higiene de los dedos antes y después de realizar esta práctica para evitar posibles infecciones en el ano u en otras partes del cuerpo. El ano es un órgano muy sensible y, al igual que otras zonas, necesita mantener su limpieza durante los encuentros eróticos. Una ducha o lavado a conciencia es más que suficiente para garantizar su higiene.

El sexo anal se puede realizar en combinación con otras prácticas amatorias: estimulación vaginal, sexo oral, etc. De hecho, es recomendable combinar esta práctica con otras para conseguir la relajación del ano. De la misma manera, si no estamos acostumbradas a realizarla, resulta favorable iniciarse en ella de manera progresiva. Lo mejor es empezar insertando un solo dedo, dejándolo inactivo hasta que los músculos de esta zona se acostumbren y no lo sientan como un estímulo adverso sino como un elemento de placer. Estos momentos de quietud son fundamentales, mientras el dedo permanece dulcemente encallado antes de comenzar a navegar por los arroyos que conducen hasta las profundidades del ano. De este modo,
conseguiremos la relajación y dilatación necesarias más rápida y fácilmente. El siguiente paso es continuar con un sólo dedo y realizar suaves movimientos (hacia arriba y hacia abajo o circulares), siempre y cuando nos aseguremos de que el ano está dilatado y nuestra amante se encuentra relajada. Si después de acoger
nuestro dedo en su interior disfruta plenamente de esta actividad, podremos comenzar a introducir mar adentro un segundo o incluso un tercer dedo, según su nivel de comodidad y apetencia, o sus ganas de llegar hasta el fondo…
El ano puede dilatarse considerablemente, por lo que el número de dedos o tamaño del dildo que se va a introducir dependerá de los deseos de nuestra compañera carnal.
También se puede realizar la práctica del sexo anal introduciendo la lengua en el interior del ano. La lengua, músculo sexual de adoración constante, provocará, al infiltrarse en este amado túnel, los más húmedos estremecimientos corporales.

Juguetes Sexuales.

Hay mujeres a las que les gusta introducir accesorios o juguetes a la hora de mantener relaciones sexuales y/o también hacer uso de ellos en privado al masturbarse. Algunas lo hacen de manera esporádica y otras de forma más permanente durante sus encuentros sexuales.
En la actualidad, existe una amplia gama de accesorios: vibradores, huevos vibradores, bolas chinas, bolas tailandesas, arneses con vibradores o dildos, dildos para una sola mujer o para compartir entre dos al mismo tiempo, etc. Los hay de distintos tamaños y de formas y colores muy diversos. También, con un poco de imaginación, cualquier cosa que queramos puede servir, relativamente, a nuestro propósito, como algunos alimentos: plátano, pepino o calabacín, entre otros. También existen otro tipo de juguetes sexuales diseñados para limitar los movimientos o la visión de la amante, como esposas, cuerdas, arneses o vendas, que se colocan sobre los ojos y también se pueden improvisar con su fabricación casera. Hacer uso de estos juguetes sexuales puede aportar experiencias y sensaciones de placer hasta el momento desconocidas, creando así nuevos encuentros eróticos. Es importante mantener la higiene de los juguetes sexuales, ya que pueden transmitir ITS (infecciones de transmisión sexual). Después de cada utilización, y antes de comenzar una nueva batalla sexual, hará falta dedicar un tiempo a la cuidadosa cura de nuestros accesorios. Para empezar, se deben lavar con agua caliente y con abundante jabón. Si se trata de un vibrador, se debe tener especial cuidado de que las partes eléctricas no entren en contacto con el agua. Es necesario secar bien estos accesorios antes de volver a guardarlos. Asimismo, antes de abandonarlos —esperando con ansia la próxima actividad sexual—, hay que asegurarse de que se encuentran en perfecto estado, sin arañazos, partes dañadas o afectadas. La utilización de estos juguetes, de forma aislada o en compañía, no es algo novedoso ni exclusivo de la pornografía. Se sabe que ya se fabricaban en la antigua Grecia y en Roma con distintos materiales y con el mismo objetivo: experimentar nuevas formas de placer sexual.

Estimulación Vaginal.

La vagina es un órgano sexual con gran capacidad erógena. Está cargada de terminaciones nerviosas, principalmente en el primer tercio cercano a su entrada. En las zonas más recónditas de la vagina también tenemos sensibilidad, aunque ésta es mucho menor. Llamar a su puerta y adentrarse en sus oscuridades empapadas puede resultar una visita llena de placeres. La estimulación vaginal puede realizarse introduciendo uno o varios dedos. Utilizar algún tipo de juguete o accesorio para la penetración también
podrá ofrecer a nuestra amante multitud de sensaciones satisfactorias.
Para que la estimulación vaginal resulte muy placentera es necesario asegurarse de que nuestra compañera se encuentra muy excitada y, por tanto, lubricada. De esta manera, la penetración no resultará dolorosa. Para conseguir que lubrique lo suficiente, habrá que dedicar tiempo a despertar su libido, estimulando otras partes del cuerpo hasta que su excitación sea más que evidente. Si nunca antes se ha practicado la estimulación vaginal se puede experimentar, debido al nerviosismo, molestia o dolor al introducir uno o varios dedos. Cuando estamos incómodas o nerviosas, nuestras paredes vaginales se cierran, impidiendo el paso a su interior.
Si esta primera vez aparece sangrado en la vagina, no hay que alertarse, ya que seguramente se deba a que el himen no se había roto anteriormente. Este sangrado no tiene por qué ser muy abundante y las molestias en la vagina desaparecerán a los pocos minutos si ambas amantes se encuentran relajadas.
Una buena forma de iniciar esta práctica es introduciendo únicamente un dedo hasta el primer tercio de la vagina —que es la parte más sensible—, siempre y cuando esté lo suficientemente lubricada. Una vez que la compañera sexual se encuentra cómoda y pide más, se podrá continuar introduciendo el dedo, hasta que la vagina se apodere de él sin compasión. La combinación de la estimulación vaginal junto con otras prácticas sexuales, como el sexo anal o la estimulación (oral o manual) del clítoris, puede provocar un elevado placer. El cuerpo recoge la diversidad de sensaciones que le llegan y se va perdiendo lentamente entre ellas.
La estimulación vaginal puede realizarse con movimientos circulares, hacia arriba y hacia abajo, o centrándose en algún punto o área de la vagina. Igualmente, la presión que se ejerce puede ser muy diversa: gradual; delicada, durante toda la actividad estimulatoria, o únicamente en las primeras penetraciones; o con un movimiento firme y profundo. La estimulación vaginal puede hacerse también introduciendo la lengua en su interior. La anhelante cavidad aclamará los suaves movimientos de su húmeda aliada sexual.
Asimismo, la estimulación vaginal puede practicarse aunque una de las dos amantes, o las dos, estén menstruando en ese momento. Distinto es que no nos guste o no nos apetezca debido a las molestias físicas
que puede ocasionar, o a que la presencia de sangre durante la práctica sexual pueda suponer un encuentro incómodo o poco higiénico.
Hay amantes a las que no les supone molestia de ningún tipo mantener relaciones sexuales durante la menstruación, valorando la regla como parte de la naturaleza femenina. Hay otras mujeres que prefieren esperar a que pasen los primeros días de la regla o a que el sangrado concluya totalmente. Todo depende de los gustos, de los apetitos carnales… y de la capacidad para aguantar sin tocarla.

Tríos y Sexo en grupo.

Para algunas mujeres resulta excitante mantener relaciones sexuales con más de una compañera al mismo tiempo. Suele ser una fantasía común que despierta la curiosidad de muchas personas, sea cual sea su preferencia sexual. Esta fantasía puede llevarse a la práctica o quedarse en la parcela de lo imaginario. Los prejuicios sociales que la rodean suelen ser la causa de que en muchos casos no se consume. Otro de los motivos frecuentes por los que no se llega a realizar, a pesar de suponer una apetencia, es el miedo a que conlleve una crisis o incluso la ruptura de la pareja. Deberíamos aceptar este tipo de fantasías como parte de nuestro
imaginario sexual, respetando las
apetencias y gustos sexuales de cada
persona de manera abierta y responsable. Con ello, será positivo realizarla, siempre y cuando todas las participantes de la actividad sexual quieran y estén seguras de llevarla a cabo. Hay parejas que en algún o algunos momentos de su relación desean realizar un trío e incluir a una tercera persona dentro de sus prácticas sexuales. Esta es una decisión que debe tomar la pareja de mutuo acuerdo, sopesando pros y contras y eligiendo ambas libremente. El trío y el sexo en grupo aportan mayor número de sensaciones físicas de manera simultánea, ya que son más de dos personas las que toman partido de este encuentro corpóreo de deseos. Las soledades sexuales ese día descansan. Las reglas son diferentes, desconocidas hasta el momento. El cuerpo adquiere un nuevo lenguaje que pone su acento en la multiplicidad de estímulos, en las mezclas y las imposibles combinaciones de fluidos. Los cuerpos se adhieren cuales piezas de puzzle, entrelazándose en busca de sus sujeciones de placer. Las alianzas formadas por las superficies carnales alcanzan cambiantes diseños cromáticos de formas y posturas en continuo estado anárquico. Piel en pieles, cuerpo en cuerpos que no ocultan su interés por fundirse entre sus iguales.

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Nacho

Administrador, Editor, y el loco inventor de todo esto, apasionado del sexo en todas sus versiones con una mente abierta, creativa y e innovadora. Pajillero innato, amante de las pajas entre colegas. Vive en Madrid, España, A sus 36 años, casado y con dos churrubeles, siempre que puede esta dispuesto para una reunión de pajas y de organizarlas, es el responsable de organizar el club de pajas de Madrid. Informático de profesión, amigo de sus amigos, siempre dispuesto a ayudar.

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