Tus bolas están en juego

Tus bolas están en juego

Los genitales masculinos ocupan un lugar primordial en nuestra cultura, pero la mayoría de las veces del lado de la picardía y del albur. Es por ello que a la hora de vigilar su salud nos enfrentamos a un cuadro de desinformación e ignorancia que puede desembocar en problemas difíciles de superar si no se actúa oportunamente.

Es bueno recordar de vez en cuando que los testículos también se enferman. No se trata de convertir el tema en obsesión, basta con ver el asunto como una probabilidad como cualquier otra digna de ser atendida, ya que prevenir, es evitar. Cáncer de testículo: prevenir es salvar

Los testículos no están de adorno

Los testículos tienen dos funciones fundamentales en la vida del varón; por un lado, producen hormonas como testosterona, que se encarga del mantenimiento de características masculinas como fortaleza de masa ósea y muscular, distribución del cabello y presencia del deseo sexual y, por el otro, generan espermatozoides.

Durante la gestación, las células que conforman a dichas glándulas sexuales o gónadas se van diferenciando paulatinamente hasta que terminan su desarrollo, pero, contrario a lo que se pudiera creer, esto no sucede en la zona genital, sino en el abdomen, sitio desde donde descienden hasta alojarse finalmente en el escroto (bolsa que los contiene).

Una de las alteraciones más frecuentes es que no se produzca este desplazamiento, lo cual se conoce como criptorquidia (de criptos, que significa “oculto”), “problema de particular importancia porque muchos padres no revisan los órganos reproductores de su bebé y dejan pasar mucho tiempo antes de atenderlo; vale la pena decir que un testículo que no desciende en forma adecuada a los dos años de vida debe ser reubicado en forma quirúrgica, ya que si continúa fuera de su lugar natural tiene mucho mayor riesgo de desarrollar cáncer”.

Así lo señala el Dr. Jorge Jaspersen Gastélum, presidente de la Sociedad Mexicana de Urología, quien aclara que el problema descrito puede afectar a una o incluso a las dos glándulas y que, contrario a lo que se piensa, también aparece en jóvenes e inclusive adultos.

El tratamiento a seguir es, sin embargo, completamente diferente, “porque si se detecta en niños menores se hace descender a la gónada y se fija en el sitio en que debe estar, pero cuando el varón ha llegado a la pubertad con un testículo fuera de lugar hay que extirparlo para disminuir el riesgo de tumoraciones malignas”.

Aunque lo más común es que la criptorquidia se localice en la ingle, el experto asegura que el testículo puede alojarse en varias partes del cuerpo; por ejemplo, existe la probabilidad de que se encuentre al interior del abdomen, en la zona femoral (parte alta de la pierna) y que la glándula derecha se ubique en el lado izquierdo, o viceversa.

Finalmente, el urólogo enfatiza que esta condición aparece con relativa frecuencia en los infantes y en forma excepcional en la etapa adulta, pero en el segundo caso el resultado puede ser más severo porque “ocurre en personas a las que les falta información”, y no acuden a consulta médica.

Manos a las bolas! 

Las estadísticas son claras: los tumores en los testículos aparecen con mayor frecuencia entre los 20 y 35 años de edad, pero la ignorancia y una equivocada percepción del aumento en el volumen testicular provoca que se retrase su atención hasta por seis meses.

Ocurre así, dice Jaspersen Gastélum, porque “los muchachos que observan aumento en el volumen de su testículo, en lugar de preocuparse, piensan que es algo bueno porque serán ‘más hombres’. Afortunadamente, este tipo de tumor es el cáncer sólido más curable en el hombre y responde muy bien a quimioterapia y a radioterapia; sin embargo, se debe extirpar el testículo”.

La condición descrita es indolora, pero se puede reconocer si el testículo se palpa grande y duro. Se sabe, asimismo, que la criptorquidia, golpes y antecedentes familiares son factores que determinan mayor riesgo.

Invitados indeseables se asoman

Es un hecho: hay que tener cuidado especial si los testículos se inflaman (orquitis) debido a una infección del aparato genital, toda vez que se puede afectar también al epididimo, que es el lugar en donde los espermatozoides terminan de madurar antes de seguir su camino hacia las vesículas seminales.

La combinación de estos padecimientos (orquitis y epididimitis) es muy frecuente y se conoce como orquiepidimitis. En estos casos, dice el urólogo, “se generan síntomas como aumento de volumen en el testículo, dolor intenso y enrojecimiento del escroto. Algo característico es que las molestias disminuyen al elevar el testículo”.

No menos importancia merece el hidrocele, “que es la acumulación de líquido entre las capas que cubren al testículo, lo que puede deberse a un proceso inflamatorio derivado de infección o golpe; el fluido acumulado promueve que el testículo crezca, casi siempre sin dolor, por lo que es fundamental que se acuda al médico para descartar un problema mayor”.

La gónada que nos ocupa posee estructuras vasculares, es decir, arterias y venas que le brindan aporte sanguíneo, pero cuando no hay elementos de sujeción en la bolsa que lo contiene puede girar y torcerse (torsión testicular), lo que genera dolor muy intenso.

Esto es muy frecuente en la adolescencia, dice el entrevistado, “y debe considerarse como urgencia porque al interrumpirse el paso de la sangre hay falta de oxígeno; el tejido, en consecuencia, puede ir muriendo, por lo que se requiere de tratamiento quirúrgico para “destorcer” el testículo y fijarlo en forma adecuada, a fin de que no exista mayor pérdida de tejido funcional testicular”.

Otros trastornos a considerar

Varicocele. Se refiere al mal funcionamiento de venas situadas en la zona testicular, y es similar al caso de las várices que aparecen en las piernas. Puede afectar la cantidad y movilidad de los espermatozoides y, por ende, la capacidad fértil.

En el epidídimo puede haber quistes o espermatoceles, que son cúmulos de líquido y células espermáticas muertas que se perciben como una bola independiente dentro del escroto, y que se confunde con la existencia de doble testículo. Por lo general son crecimientos benignos que responden bien tratamiento quirúrgico.

La parotiditis, mejor conocida como paperas, es la inflamación de las glándulas salivales producto de una infección viral. Esta enfermedad puede generar en los testículos orquitis urliana (con inflamación y dolor). Al pasar la etapa aguda, el testículo tiende a regresar a la normalidad, pero existe la posibilidad de que su tamaño se reduzca y pierda algunas de sus funciones.

 

Mitos a la carta

Como ocurre con frecuencia, los mitos son invitados incómodos que impiden un diagnóstico oportuno y que, en casos extremos, ponen en riesgo la vida.

 Algunos mitos sobre los testículos son los siguientes:

Tener relaciones homosexuales no incrementa el daño testicular.

Mucha gente cree que el tamaño de los testículos determina la virilidad de un hombre, así como la cantidad y calidad de los espermatozoides. En realidad, si se detecta un crecimiento se debe acudir inmediatamente al urólogo.

Se piensa que tener un solo testículo ocasiona que haya menos probabilidades de engendrar, pero lo cierto es que es suficiente para generar la cantidad necesaria de hormonas y espermatozoides.

Se cree que un niño con problemas para que sus testículos desciendan se recuperará cuando crezca, pero la realidad es que el infante con tal condición se debe someter a cirugía.

No hay evidencia de que los piercings (perforaciones) o tatuajes en los testículos produzcan alguna alteración, aunque es preferible tener precaución al respecto. En algunas prácticas sexuales se coloca una especie de abrazadera para hacer que los testículos desciendan y se perciba mayor sensación de placer, pero esto pudiera generar daño si se aplica mucha presión.

El virus del papiloma humano (VPH) no tiene ninguna relación con los testículos. Sin embargo, es importante señalar que algunos tipos de este microorganismo afectan la piel y las mucosas externas del pene, así como el conducto por donde se expulsa la orina (uretra), lo que puede incrementar el riesgo de sufrir cáncer de pene.

Es importante que los testículos no sufran traumatismos (patadas, golpe con una pelota, mordedura de algún animal) o accidentes con algún tipo de maquinaria que pueda ejercer presión en ropa y piel de la zona genital.

Todos los datos aportados deben hacernos reflexionar sobre la salud integral de nuestro cuerpo. En este caso, la autoexploración es el primer paso para reconocer cualquier alteración en nuestros genitales; por ello, durante el baño hay que verificar si existen cambios en el volumen de los testículos, si hay dolor o si se siente una bolita o abultamiento, pues todas éstas son razones suficientes para acudir de inmediato al médico.

Recuerda, a partir de los 45 años es imprescindible visitar al urólogo al menos una vez al año, no sólo para verificar el estado de tus testículos, también para prevenir problemas como cáncer de próstata (tumoración en glándula que produce líquidos que acompañan al semen), el cual ha aumentado a tal grado en los últimos años que se sitúa como la enfermedad tumoral que más hombres mata, después de la de pulmón.

 

Nacho

Pajillero innato, hetero amante de las pajas entre colegas. Vivo en Madrid, España. 36 años, casado y con dos churrubeles, siempre que puedo estoy dispuesto para una reunión de pajas y de organizarlas, soy el responsable de organizar el club de pajas de Madrid TdM. Informático de profesión, actualmente en paro. Amigo de mis amigos, siempre dispuesto a ayudar.

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1 respuesta

  1. wanker dice:

    Totalmente de acuerdo con la entrada. Debemos realizarnos autoexploraciones a menudo. Es un tema muy importante de cara a una detección temprana. Yo lo cierto es que lo hago a menudo desde hace mucho tiempo, y a veces ya que estás con las manos en la masa…pues paja al canto, jejeje. Por cierto, muy bien explicado. Enhorabuena.

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